Sobre la ceguera moral

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José Mármol

A propósito de la publicación de mi libro “Posmodernidad, identidad y poder digital. Las nuevas estrategias de vida y sus angustias” (Bartleby Editores, Madrid, 2019), el ensayista y cardiólogo Jochy Herrera entabló un diálogo virtual con el autor, que dio a conocer, primero, en la prestigiosa publicación mejicana Círculo de Poesía (16/12/2019) y luego, con introducción modificada, en la revista digital Plenamar (21/12/2019). Sus preguntas, agudas e incisivas, produjeron una reflexión sobre el tiempo presente a dos voces, parte de cuyo contenido quisiera compartir con los lectores de esta columna, tanto en el diario impreso como en su versión digital.

El autor de volúmenes de ensayos como “Estrictamente corpóreo” (2018), “La flama magna” (2014) y “Seducir los sentidos” (2010), entre otros, me preguntó: ¿Crees realmente posible que el pensamiento humanístico, tan ansiado en los textos de este libro, triunfe sobre la ceguera moral y consumista que amenaza nuestra supervivencia? ¿Cómo garantizaríamos tal victoria? A esta primera cuestión respondí: No quisiera pecar ni de optimista ingenuo ni de pesimista obtuso y radical.

Estamos experimentando cambios muy acelerados en una era inédita para la humanidad debido, fundamentalmente, a la revolución tecnológica, los avances en la ingeniería genética, el peso específico del medio digital en la comunicación y, por supuesto, la globalización como telón de fondo de la resurrección de ideologías fosilizadas como el nacionalismo, el populismo y el racismo.

Vivimos, ¿a qué dudarlo?, seguí afirmando, los efectos de la bancarrota del saber y de la ética, como los entendemos desde el humanismo clásico.

Esa bancarrota tiene en la ceguera moral uno de sus principales pivotes. No podría, sin caer en la tentación del vaticinio o de la presunción agorera, garantizar una victoria del pensamiento humanístico sobre esa ceguera moral, que se torna ceguera mortal.

Es probable que no se trate de una lucha maniquea, siquiera. Hoy día, de hecho, contamos con una nueva dimensión de las humanidades como esfera de reflexión, que modifica la frontera convencional: las humanidades digitales.

A lo que sí podría apostar es a la supervivencia e inagotabilidad del acto de pensar y del espíritu crítico del sujeto bienpensante.

Al menos, mientras el Homo sapiens pueda imponerse sobre los apocalípticos cíborgs y algoritmos no orgánicos de la inteligencia artificial o programática, como los nuevos dioses, de acuerdo a las cavilaciones del pensador judío Juval Harari y aquellos que apuestan al transhumanismo y el poshumanismo como futuro inmediatos.

Lo que me queda claro, querido amigo, le expresé, para redondear la respuesta a su primera pregunta, es la batalla. No así la victoria. Recordemos que la más profunda crisis económica vivida en lo que va del siglo XXI, el llamado septiembre negro de 2008, que por el estrépito de la especulación financiera inmobiliaria traspasó los puntos más bajos de las bolsas de valores mundiales y arrojó una nueva masa de empobrecidos a la humanidad global, tuvo su causa en un desliz ético, en un déficit moral del manejo de las finanzas; es decir, en la ceguera moral de unos cuantos individuos, pertenecientes a las élites del pensamiento económico-financiero y el estilo de vida tecnocrático, que solo creyeron en el beneficio propio y en el omnímodo poder del capital, que rinde culto al consumismo desenfrenado.

La ceguera moral confunde ser feliz con el hecho de poder consumir.
Esa fue la respuesta a su interrogante inicial.

Recuperaré aquí otras partes del diálogo, porque, haciendo honor al título de esta columna, y siguiendo las palabras de Zygmunt Bauman (2005), la estrategia del “carpe diem” es ofrecer una respuesta a un mundo desprovisto de valores, que además tiene la pretensión de proyectarse como un mundo duradero.