Por: AP

LA PAZ.- “Pensé que me iba a matar”, es una frase sobrecogedora común entre las víctimas de la violencia machista en Bolivia, que no da tregua ni con las agresiones físicas ni las psicológicas como muestra el testimonio de dos mujeres de El Alto.

Ambas hablaron con Efe en el Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza, que funciona en la ciudad de El Alto, vecina de La Paz, y es una asociación que les ha brindado “tanto apoyo legal como psicológico”.

Estas mujeres prefieren mantenerse en el anonimato por las posibles represalias, pero se atreven a alzar la voz con sus testimonios por si pueden concienciar a alguien o animar a las víctimas a que abandonen finalmente el círculo de la violencia.

Ambas tienen 34 años y están visiblemente afectadas por rememorar una vez más las agresiones de parte de sus parejas.

“Yo fui mamá soltera. El padre de mi hijo no quiso convivir conmigo, en el momento que decidimos casarnos, él se escapó”, relata una de las víctimas.

Con el paso del tiempo, ella comenzó una relación con otro hombre, pero “cuando el papá de mi hijo apareció, ahí aparecieron los celos y mi esposo me comenzó a golpear”.

“A veces yo tenía un ojo hinchado, al otro mes, del otro lado, o pasadas dos semanas ya tenía la boca hinchada. Siempre tenía marcas.

Cuando uno empieza a recordar, quieren salir las lágrimas”, agrega.

Fue un proceso muy largo de angustia que le ha permitido entender a esta mujer que “él nunca valió la pena.”