Por: Reynaldo Peguero

Santiago-Roberto Capote Mir emblemático profesor de epidemiología y planificación en Centroamérica, predicaba que los controles para hacer cumplir normas sociales en América Latina son utopías que sólo se concretan con batidas y sanciones. Enseñaba que una buena educación preventiva, debe combinarse con la más radical persecución de infractores.

En Santiago llegó la hora de vivir en orden; hay que yugular de raíz el desorden y al caos debe llegarle su Némesis.  La herramienta de acción y vigilancia territorial por excelencia son las normas de ordenamiento aprobadas por los Regidores que posee la Alcaldía y más de 20 leyes de la República que deben cumplirse y hacerse cumplir. La rigurosidad de hoy asegura el privilegio del bien público y común sobre lo privado y lo propio. Sin embargo se requieren más intervenciones educativas y acciones de control.

Capote Mir en sus cátedras sobre planificación refería la historia de Alemania, narrando que al suceder las epidemias mortales de peste bubónica en toda Europa de 1347 al 1800, los Ayuntamientos alemanes imponían la “ley marcial”. Las viviendas tenían que reportar a la autoridad municipal los familiares con tos y fiebre; aquellas familias que no informaban asumían el riesgo de ser exterminadas por el Estado; las fuerzas militares incineraban cada vivienda con la gente adentro. La peste bubónica dejó de ser una epidemia letal en el mundo y Alemania haría fama como el mejor Estado social de Europa.

En el siglo XXI, Santiago es la ciudad más ciudad de esta isla con factores para servir de modelo nacional de usos de suelo y un ordenamiento territorial exhaustivo. Tenemos condiciones para iniciar una verdadera revolución territorial que nos lleve vivir en orden. Hoy no son las epidemias que nos hacen imponer la ley, sino la protección de nuestra habitabilidad  y base natural.

Prácticamente hemos eliminado la vida y el oxígeno disuelto en los ocho grandes ríos y arroyos de la ciudad. Desde el río Gurabo, el arroyo Guazumal-Pontezuela hasta el río Yaque del Norte, miles de millones de bacterias coliformes fecales nadan en sus propias aguas acompañadas de todo tipo químicos industriales, basuras inorgánicas y residuos sólidos no degradables.

Se impone actuar radicalmente en todo el territorio y asimismo seleccionar un polígono clave para proceder con verticalidad normativa. Para ejecutar batidas marciales de control de la urbanización informal y declarar 10 años de veda para las edificaciones formales. Asimismo detener las obras aprobadas sin fundamentos por los Distritos Municipales; implantar acciones instructivas, campañas masivas de reforestación, colocación de plantas verdes de tratamiento de aguas residuales, barreras naturales de infiltración, delimitar parques lineales y espacios verdes, programas basura cero y relocalización participativa de poblaciones vulnerables.

El polígono norte del municipio es la más importante base natural de Santiago. Este territorio se forma por las Unidades Zonales de Planificación II y III. Un territorio con alrededor de 20 KM2 de los 103.7 que tiene la metrópolis y el 22% de la población del municipio, unos 165 mil pobladores estimados. Que se extiende desde el Distrito Municipal de Jacagua, los barrios La Ciénaga y los Salados hasta Gurabo. Delimitado al Norte por la Avenida Circunvalación Norte y toda su área verde del entorno; al Sur por la Avenida Estrella Sadhalá; al Este por la Carretera Luperón y al Oeste por la convergencia de la Autopista Joaquín Balaguer con la Avenida Circunvalación Norte.

En este polígono se localizan monumentos naturales decisivos, incluyendo el nuevo Parque Botánico y el balneario El Saltadero. Es cursado por los ríos Quinigua, Jacagua y Gurabo y sus afluentes; sirve de buffer ecológico al santuario del Pico Diego de Ocampo, acumula la amenaza de la falla sísmica septentrional, las ruinas fundacionales de Jacagua, varias poblaciones de extrema pobreza y más de 15 mil personas viviendo en zonas vulnerables de las 50 mil del municipio.

Todo este polígono norte requiere una operación territorial concreta con una normativa especial implantada vía el Plan Local de Ordenamiento Territorial Norte que debe imponer límites barriales, una dirección moderna de manzanas, calles viviendas; establecer áreas de confluencia de límites político-administrativos y definir límites entre lo urbano y rural. El Ayuntamiento y el Ministerio de Medio Ambiente con el apoyo de las 70 organizaciones del Consejo de Desarrollo Estratégico (CDES) debieran establecer ahí anillos verdes al perímetro urbano de este polígono, proteger los ríos Jacagua y Gurabo, y también el arroyo Piedra. Igualmente reforestar en masa y poner en valor todas sus áreas verdes. Además consolidar los cuadrantes creados por la red viaria de la carretera de Jacagua y las avenidas Hatuey y Padre de Las Casas como ejes principales. Asimismo con el apoyo del gobierno nacional, realojar los asentamientos precarios, reubicar en viviendas sociales la población dominicana y migrante legal, asentada irregularmente en los diferentes cauces.

Finalmente, el Ayuntamiento tiene que imponer marcialmente el ordenamiento en el río Jacagua; detener la conurbación de la ciudad de Santiago con el Distrito Municipal de Jacagua. Prohibir inmediatamente las viviendas unifamiliares en la zona; identificar, clasificar y catalogar espacios urbanos infrautilizados como predios, edificios e instalaciones vacías y facilitar procesos de producción de espacios colaborativos, generadores de un urbanismo de código abierto, donde el protagonismo y vigilancia del ordenamiento lo aporte la ciudadanía organizada en federaciones de juntas de vecinos certificadas por la Alcaldía de Santiago. En eso debemos estar.