Los últimos días de Pablo Escobar, a 26 años de su muerte: el error fatal

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El 15 de agosto de 1993, Victoria Eugenia Henao supo que vería por última vez a su marido Pablo Escobar Gaviria. Ella huía con sus hijos a un refugio quizá seguro y él los siguió en otro auto.

Antes de perderse en el camino, tocó la bocina dos veces. Y en ese sonido, su mujer encontró una despedida cifrada. “Que se parecía a un adiós para siempre”, recordó años más tarde.

Al mismo tiempo, Mauricio Puerta, por entonces astrólogo de cabecera de presidentes, políticos, empresarios, banqueros y figuras del jet set, descubrió en la carta astral del narcotraficante colombiano más famoso de todos los tiempos un destino imposible de burlar. “Por la influencia de Saturno, tendrá cita con la muerte antes de fin de año”.

Henao veía señales por todos lados. Por su intuición, sus sensaciones, desde lo esotérico, pero la más letal era la amenaza real: su marido estaba acorralado. Cada vez más solo, casi sin sicarios, sin dinero y cerca del desenlace que hasta el mismo supo que iba a llegar.

Para Óscar Naranjo, el general de las mil batallas, el final de Pablo era una cuestión de balas y no de astrología. Estaba sellado, como sienten los caza recompensas de los western cuando persiguen, al calor del desierto, al fugitivo más buscado.

Escobar murió el 2 de diciembre de 1993, a los 44 años, rodeado por sus enemigos, solo y acorralado, mientras trastabillaba descalzo por los tejados de una casa de Medellín. Uno de sus matadores (aunque su hijo sostiene que se suicidó de un balazo detrás de la oreja), posó junto a sus compañeros con un pedazo de bigote de Escobar, como un trofeo de guerra.

-Papá se suicidó. El tiro fue en la oreja. Me había incluso enseñado a ejecutarlo, por si me acorralaban. No lo mató, se suicidó. Por otra parte, el decía: “Prefiero una tumba en Colombia antes que una celda en los Estados Unidos”. Por otro lado, estaba descalzo. Como entregado. Estar descalzo implicaba que no iba a fugarse –le dice a Infobae Sebastián Marroquín, la nueva identidad de Juan Pablo Escobar desde que se exilió con su madre y su hermana Manuela en Buenos Aires, el 24 de diciembre de 1994.

-Creo que Pablo se mató para que nosotros pudiéramos vivir –dice Henao.

Tras su muerte, los enemigos de su marido querían matar a su hijo, pensando que podía ser el heredero.

-Les dimos todo lo que teníamos, negociamos. Pero la vida que llevó mi hijo les demostró que iba a estar del lado del bien, nada de guerras ni de seguir el legado sangriento de su padre -asegura la viuda del capo del Cartel de Medellín.