Los “benditos” deliveries

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Por: Ing. Leonaldo Sanchez

Una epidemia que amenaza la paz de los hogares y la seguridad en calles y aceras

Al inicio todo comenzó como una excelente modalidad de servicio al cliente, y de asegurar e incrementar las ventas de aquellos negocios que lo comenzaron, y frente a los que no lo habían hecho por las razones que fueran, porque no todos los colmados y mini-markets iniciaron este proceso al mismo tiempo.

Era bueno, y parece que podría seguir siéndolo, poder llamar por teléfono, ordenar lo que hacía falta para cualquier actividad hogareña o completar alguna iniciada, y  que a los pocos minutos las mercancías estuviaran en nuestras puertas entregadas por un joven en una motocicleta.

Pero no todo es color de rosas. Resulta que los “conductores” de esos vehículos de motor o los dueños de los mismos no mantienen las condiciones operativas óptimas y los aparatos degeneran rápidamente, lo que ocasiona ruidos ensordecedores por el mal estado de los escapes o mufflers, la mayoría sin los silenciadores, y por la forma irresponsable y bárbara de conducirlos, pensando erróneamente que mientras más  estruendoso sea el sonido que emiten, mayor velocidad están adquiriendo.

Hay horas en las cuales es casi imposible mantener una conversación bajo el influjo de esas infernales máquinas que van y vienen constantemente circulando por las calles sin ninguna consideración hacia los mismos clientes que residen en su trayecto. Cuando vienen a la casa de uno, han molestado y molestarán de regreso a todos los vecinos que tienen sus viviendas en el tramo en cuestión. Cuando le van a entregar a uno de los vecinos que se halla más alejado de la primera vivienda, entonces las molestias son para mí también. Y así susesivamente.

Y parece no existir un mecanismo de defensa contra este atentado a la paz de los hogares. “Está resultando más cara la sal que el chivo”, porque es cierto que es una gran facilidad recibir cualquier pedido en las puertas de nuestros hogares, pero el asalto al espiritu parece estar resultando más perjudicial para nuestra salud emocional.

Y no es sólo la imposibilidad de escuchar una conversación, que es importante, sino que también impiden escuchar las llamadas telefónicas que pueden ser de mucha importancia o no, como pueden ser de extrema gravedad. Así, tampoco se puede escuchar un programa de radio o televisión. Es un fenómeno de la modernidad y la globalización de los servicios que está atentando conta la salud fisiológica y sicológica de las personas. En el momento que el prot@ de la novela -todavía hay gente que las ve- o el filme dice algo importante en la trama, viene el impacto incontrolado del ruido del delivery y se pierde el hilo del caso.

Brumm, brumm, brumm, bruuuuuummmmm!!!

En mi caso es notoria la diferencia entre recibir un servicio de una farmacia, una pizzeria o un colamado, ya que los primeros negocios mantienen el estado de funcionamiento normal y adecuado de sus medios de entrega, mientras los colmados no lo hacen, y sus vehículos de motor están agrediendo la vida de los mismos clientes que quieren servir y agradar. Cuando llega en pizzero tiene que tocar la bocina para que sepan que ha llegado (hummm!), igual cuando llega el farmacéutico motorizado; cuando llega el endiablado colmadero, el estruendo lo anuncia con gran anticipación.

Era más adecuado cuando las entregas se relizaban con las bicicletas de canastos. No eran tan ruidosas, aunque tomanan más tiempo para las entregas.

La situacion ocurre por descuido y falta de consideración, y no por falta de conocimiento, y un poco también por tacañería de los propietarios de los negocios por no gastar en el mantenimiento de los “motores”.

Esta es una modalidad de servicio que se ha generalizado en todo el país, y no existe una comunidad, por pequeña o moderada que sea, que no disponga del mismo; es un fenómeno que adquiere dimensiones escandalosas según las comunidades sean de mayor tamaño unas que otras, habiendo colmados con hasta 10, y algunos más, vehículos de motor para realizar las entregas de servicios y mercancias ordenadas por la via telefónica.

Y, como el fenómeno de las drogas ha permeado en todos los estratos de la vida y los negocios, han existido y existen “puntos de droga” en colmados o en sus proximidades, que han hecho y hacen uso de esta modalidad para hacer llegar su “mercancia” a los viciosos que las consumen, compitiendo con los mochileros en “passola” que iniciaron sus entregas mucho antes que los deliveries de los colmados.

Cerca de la hora del almuerzo, entre 11:30 y 2:30 de la tarde, las entregas de bebidas gaseosas, principalmente, y de completivos de urgencia de las platos en preparación o en proceso de consumisión, no permite que se pueda consiliar una idea sin ser interrumpida por el estruendo de los escapes de los deliveries.

Brumm, brumm, brumm, bruuuuuummmmm!!!

Y no son sólo los infernales ruidos que producen, las amenazas contra la poblacion, tambien lo es la velocidad con la que se desplazan por las vías, a veces atestadas de otros vehículos, estacionados o circulando, contituyendo un alto riesgo de accidentes para los conductores indicados. Un riesgo mayor se cierne sobre los peatones que se arriesgan a andar o cruzar las calles por donde circulan los deliveries que pueden ser, y muchos han han sido, atropellados por esas máquinas enloquecidas por la prisa de llegar y regresar para volver a salir a la misma tarea, y con la misma prisa como si de emergencias se tratara.

Tampoco respetan, esos centauros motorizados, las aceras de las vías por las que se desplazan, cambiando a conveniencia de las calzadas a las aceras por donde se supone que ningún vehículo debería desplazarse, haciedo lo mismo en vía contraria a la circulación vehicular normal. Niños, ancianos y personas con limitaciones motoras o de discernimiento  son víctimas propicias para estos desbocados servidores.

Hay momentos que les entra como un frenesí de aceleracion produciendo pulsaciones intemitentes del estruendo, terminando muchas veces por impactar los vehículos estacionados, con la agravante de que los dueños de los colmados, en muchos casos, no se hacen responsables de los daños, teniendo los propietarios de los bienes afectados que mannejarse con sus propios seguros de vehículos.

Las indelicadezas con amas de casa, domésticas e hij@s de los hogares servidos, son otra historia. Han ocurrido numerosas situaciones de abusos, acoso sexual, violaciones, hurtos y hasta asesinatos promovidos por individuos actuando o habiendo actuado como deliveries y que han captado las debilidades de los hogares, que luego les han permitido cometer sus fechorias. Esto ocurre cuando la mercancia a entregar tiene que ser introducida hasta espacios internos de los hogares, como los recipientes de agua embotellada o paquetes de mucho peso para quienes lo deban recibir.

Debería existir una forma de escribir “benditos” con “eme” para referirse a estos engendros del demonio. Esa es la idea que surge despues de sentir el acoso inextinguible de esos individuos que, sin ninguna orientación, reciben una máquina destartalada y la encomienda de usarla para realizar tales entregas.

Los propietarios de los negocios con esas máquinas infernales deberían ser responsabilizados por ese atentado a la paz pública. Deberían ser obligados a mantener esos aparatos en las debidas condiciones para que no sean esa molestia dañina para los habitantes de las zonas donde hacen sus negocios.

Hay sectores donde las juntas de vecinos han tomado acciones y han logrado cierta solución a este mal social, ocurriendo que, en muchos casos, las soluciones han sido temporales y se ha vuelto a los asaltos al espíritu, y al hecho de que les sean violados los tímpanos dentro de los propios hogares.

Autoridades municipales, judiciales, y policiales deberían jugar algún rol en la limitación de esta situación derivada del caos en que se desempeñan los deliveries, hasta que se defina alguna legislación que trate de controlar este fenómeno tan popular y generalizado. Luego habría que esperar que tal legislación sea cumplida y que sean administradas las consecuencias de no cumplirla, igual que toda ley que conduzca a un ordenamiento social.

¿Quién será capaz de ponerles los cascabeles a esos gatos?

¿Habrá cascabeles para tantos gatos?

El descuido ante la generalización de esta situación ha contribuido al desorden en esta sociedad y al clima de violencia que arropa la misma.

No podemos seguir pensando que un mal de muchos es consuelo de todos, porque no tiene consuelo verdadero, sino resignación enfermiza, y termina siendo consuelo de tontos.

Agrégele usted al comprador de todas las cosas viejas “menos mujeres viejas”-, las guaguas anunciadoras de mil cosas, los vndedores de viandas y verduras, etc., y tendrá la tormenta perfecta.

Alguien tiene que hacer algo. Es urgente.

Brumm, brumm, brumm, bruuuuuummmmm!!! ¡El colmado!