Por: Malsone Encarnación

Santo Domingo-La intención de hacer pasar como un hecho cierto que la constructora Odebrecht financió la campaña del candidato Danilo Medina ha rebasado la simple especulación, a partir de las afirmaciones de un ejecutivo de que esa empresa brasileña contribuyó con aportes en varios países.

Sin embargo, lo que se pretendió fijar como una verdad incontrovertible tiene muchas fisuras por donde se cuela la mentira, a partir de la realidad conocida por muchos en la República Dominicana.

Quienes en algún momento de la precampaña interna en el Partido de la Liberación Dominicana estuvimos al lado de Danilo sabemos que la suya no era una precandidatura abundante de recursos sino más bien muy modesta.

Movilizarse por todo el país suponía un sacrificio permanente, pues Danilo no costeaba ni siquiera gasolina a sus acompañantes, quienes, además de poner sus vehículos, tenían que cubrirse los modestos gastos en que incurrían, ya que los recursos se necesitaban para otros renglones más redituables en términos electorales.

En la campaña después de su triunfo en las primarias de junio de 2011 el asunto continuó tal cual, y como dijo el presidente hace unos días, su candidatura fue financiada por el pueblo.

Y es aquí lo interesante del alegado financiamiento de Odebrecht, pues hasta conocerse el laborantismo delictivo de esa empresa, la oposición acusaba a Danilo de haber ganado las elecciones porque el presidente Leonel Fernández empleó los recursos del Estado.

Como se recordará, los perdedores de las elecciones de 2012 alegaron que Leonel había provocado un déficit fiscal de más de 140 mil millones de pesos para garantizar la elección del actual jefe del Estado.

Incluso, esa misma oposición promovió por todo el país los llamados “juicios populares” donde se “condenaba” a Leonel como responsable del supuesto déficit, todo lo cual no era más que un subterfugio para justificar la derrota electoral ante la militancia de las organizaciones que resultaron vencidas. Por todo lo dicho es que resulta a todas luces un vano empeño por empañar los triunfos electorales del PLD en los dos últimos procesos, uno por el alegado hoyo fiscal y el otro por el supuesto financiamiento de Odebrecht.

Es evidente que la oposición va a tener que definir su estrategia, pues anda perdida en los detalles, ya que el mismo argumento del alegado uso de los recursos del Estado que se esgrimió en 2012 fue repetido en los pasados comicios.

El caso Odebrecht y el supuesto financiamiento a la campaña del presidente Medina es simplemente un cambio de enfoque, aprovechando el movimiento que propugna por la mayor transparencia en la función pública, el cual no es una bandera de la oposición formal.