Este es el tiempo del Señor

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Desde hace 17 siglos, los católicos y no católicos del mundo hacen una pausa en sus rutinas para revivir los momentos más trascendentales de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, como la más irrebatible prueba de que es el hijo de Dios venido a la tierra.

Durante una semana, llamada la Semana Mayor o Semana Santa, se entregan devocionalmente, es decir, con respeto y admiración, al triduo litúrgico que resume, en tres días, el drama de la pasión y calvario de Jesús, evocando su histórico sacrificio.

Es un período demasiado solemne que necesariamente invita a la reflexión a todos los humanos sobre el significado de este sacrificio, que luego deviene en el acontecimiento más trascendental de la historia: la vuelta de Jesús a la vida y su glorificación divina al ascender a los cielos y estar al lado de su padre.

Antes de morir, Jesús dejó al mundo muchas enseñanzas de cómo el hombre debería reconciliarse con Dios y algo más: dejó saber que aun cuando volviese glorificado al lado del Padre siempre estaría aquí en la tierra, como Espíritu Santo, para acompañar a la humanidad en su devenir.

Por tanto, las celebraciones solemnes en las que los cristianos del mundo participan durante esta semana están llamadas a poner de relieve el valor de estas enseñanzas y a animar a todos al compromiso de cumplirlas.

Más allá de estas celebraciones solemnes hay personas que aprovechan la Semana Mayor como un tiempo de diversión o de puro asueto para el disfrute mundano, mientras otros, simplemente paganos, no creen ni en Jesús ni en el Dios padre, y por eso no participan de estas liturgias.

Como en el país se suelen dar riendas sueltas a las celebraciones mundanas en un tiempo esencialmente de recogimiento religioso, vale pedir a los primeros que respeten la solemnidad de este tiempo sin afectar el derecho de los cristianos a recordar la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Los partidos políticos han hecho bien en declarar un receso de sus actividades mientras los organismos de protección de la ley y de la seguridad ciudadana se alistan para prevenir desgracias en la Semana Santa, especialmente en lugares de recreación donde se abusa del alcohol y las drogas, o en las carreteras, por las que circulan muchos vehículos manejados por conductores que toman tragos y provocan fatales accidentes.

Los exhortamos a la moderación, a la prudencia y a no incurrir en excesos para que no volvamos a lamentarnos, como cada año, de los saldos fatales de esta temporada, que más bien está llamada a ser una semana de meditación, de auto examen y de un mayor compromiso con el prójimo y con el buen común.