Es obligación limpiar a Santiago, no una generosidad del “líder”

0
78

Por: Perfecto Martinez

Santiago-Demagogiamanipulación y populismo encarnan tres de los bichos que mejor retratan la democracia como sistema político. Y todavía mucho mejor, cuando se trata de las democracias tercermundistasdonde muchos políticos y gente en el ejercicio del poder, en aras de justificarse y justificar sus deficientes mandatos, explotan las situaciones de vulnerabilidad e ignorancia que tipifican a gran parte de los gobernados, para lo que recurren a trucos propagandísticos y campañas mediáticas con altas cargas persuasivas.

Solo en el contexto de una realidad como la expuesta, cobra sentido el hecho de que se les exija a los ciudadanos venerar, vanagloriar y hasta endiosar, a un funcionario que, como el caso de Abel Martínez, apenas ha cumplido tímidamente la obligación que asumió ante los munícipes una vez se convirtió en síndico de Santiago.

Es que fueron tan deficientes algunas de las administraciones anteriores en materia de higiene de la ciudad; tan bochornosos sus fracasos en la gestión de recogida de la basura y tan comunes y odiados los grandes bolsones de desperdicios tirados por doquier, que hora resulta fácil inducir a la gente, hacerle creer que lavarle la cara a la entrada de la ciudad, es una obra extraordinaria, un verdadero acto de magia, una conquista que nadie logró y ante la que debemos arrodillarnos porque solo pudo ser alcanzada por el gran genio de Abel Martínez.

Todo es obra de la manipulación a la gente porque no se está supuesto a rendir pleitesía a ningún funcionario por el hecho de que medianamente cumpla sus obligaciones. Su obra no es un regalo personal, no es nada que debamos aplaudir, no se trata de una bondad generosamente concedida, es tan solo la obligación con la municipalidad que pone en sus manos 1,500 millones de pesos cada año para que haga las realizaciones necesitadas y esperadas.

Tiene que quedar claro que el síndico de Santiago, como cualquier otro del país, no fue votado para otra cosa que no sea cumplir con las funciones y obligaciones que le dicta la ley. Y si así se comprende, entonces no hay que aplaudirle porque lave la cara de la ciudad, sino exigirle que la limpie y mantenga limpia por completo porque para eso el pueblo le concede poder y dinero. Así de simple.