Educación es la clave

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Por Grisbel Medina

Santiago-En todo, la educación hace la diferencia. Por ejemplo, una parte de la migración dominicana en Estados Unidos, se preocupa porque valga la pena levantarse a las cuatro de la mañana para trabajar retando todas las fuerzas posibles. Solo aguantar el inclemente frío es un sacrificio enorme.

Conozco hogares forjados a base de mucho esfuerzo, con descendientes laboriosos, estudiosos, regidos por el ejemplo y la disciplina. Tengo una amiga que emigró sin ser profesional y a sangre y fuego se acreditó en lo que hoy ejerce con mucho orgullo. Mi hermana, profesional y con maestría en turismo, al casarse decidió instalarse en Norteamérica donde se licenció en otro oficio que le sirve de sustento. Y sigue sumando. Otras amistades y parientes, hallaron en EEUU el cielo para expandirse económicamente. Y son ejemplos de decoro en sus ocupaciones.

También está la otra cara de la moneda. El boato, la marrulla, el despilfarro, el ruido, el “mujerear” y el cerveceo caracterizan la otra acera de la migración dominicana en el país donde se “pica el inglé”.

Y el ejemplo está disperso en los aviones repletos de desperdicios cuando aterrizan en el país, con criollos vestidos de turistas. Esto me ha dado vergüenza ajena. Además, la cantidad de mujeres florecidas en hijos para “vivir de los cupones” y el derroche de comida en esos hogares abandonados a su vez, por el padre. A esto súmele los que viven barajando y haciendo chistes en el trabajo. Perdiendo el tiempo, lo más valioso que tiene un ser humano. Lo triste es que la chercha hace más ruido que el trabajo comprometido, y por eso el segundo ejemplo tiene más publicidad que el primero.

Conversando con Úrsula Estévez, la entrañable amiga que visita su tierra en estos días, analizamos ambos ejes de nuestra idiosincrasia. Y nos queda claro que en la formación de hogar y la educación es que radica la diferencia. Como nación tenemos un reto más.