Dígale que el joven…el joven no…el señor…

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Fausto García

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García).

Recuerdo la fecha exacta y lo hago porque fue el día de la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, que se celebró del día 13 de mayo del 2018. Ese día andaba montando bicicleta y aproveché la cercanía de la parroquia que lleva su nombre para ir a una de las misas del día. Al terminar me acerqué a uno de los ministros y le prometí hacerle llegar un encargo que habíamos convenido. Al pasar cerca de dos meses de la promesa, traté de cumplirla, lo que al efecto hice, con la única particularidad de que el mino no estaba, por lo que decidí dejárselo con la conserje.

Al hacerlo, ya con el “pichón” en sus manos, le dije, señora, por favor dígale que eso le dejó el joven de la bicicleta que habló con él el día de las patronales. Parece que se lo dije sin pensarlo y analizar lo dicho, pero de inmediato reaccioné y le dije, perdón señora, el joven no.., no va a entender, dígale que el señor de la bicicleta…

La OMS al parecer ha ocupado todos los días o al menos, la mayoría, del calendario civil, para dedicarlo a temas vinculados a las enfermedades, su prevención, en fin, a la salud y otros tópicos humanos y del plantea. Por eso tenemos días dedicados por ella a la salud mental, al cáncer, al sida, etc.  Para el tema que nos ocupa digno es recordar que el día uno de octubre de cada año (en nuestro país desde el 1991) ha sido dedicados por dicho organismo al Día Internacional del Adulto Mayor, a la tercera edad, a los ancianos.

He dicho ya otras veces, en una definición muy mía, y habiendo sido tan solo, en mis años mozos, aprendiz de mecánica, que el cuerpo humano es una máquina, y que, por ende, como las maquinas, tiene su vida útil, es decir, que tarde o temprano, esa máquina se desgasta, se funde, ya no da más, aunque naturalmente, muchas de ellas son sometidas previamente a grandes y múltiples mantenimientos y reparaciones. En el mismo orden, repito lo que decían y dicen nuestros viejos: “no somos para semillas”, que es como decir, todos tenemos “fechas de vencimiento”.

 

Real y objetivamente hablando creo que al margen de los topes establecidos por la ciencia o las disciplinas vinculadas a ella, creo que esa etapa llamada envejecimiento o vejez aunque se la haya etiquetado con determinadas épocas, la verdad es que está en manos de cada individuo el asumirla como tal, y de incluso no llegar a sentirla o vivirla, siempre y cuando pueda gozar y mantener una salud mental equilibrada, suficiente como para sobreponerse a todos esos achaques o limitaciones que ella acarrea. Para mí, una de las razones de ser del dicho del predicador, proverbios 4-23, es esta, y a seguidas transcribo: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón;
Porque de él mana la vida”.

 

Sé que no es tarea fácil, pero es el cerebro una de las partes de esa máquina, que hay que procurar conocer mínimamente y entender, aunque sea un poco -con nuestras limitaciones- para poder llegar justamente, con el poder que hay en él, -y el Dios naturalmente- a sobreponernos a esas limitantes de edad que nos han fijado.  Dijo alguien, que el ser humano ha de ser como el árbol, dar frutos hasta que esté en pie; pero yo voy más lejos, dar frutos aun habiendo caído, pues en este último estadio sirve todavía para leña, carbón, cenizas, abono, en fin, para todavía dar vida.

 

En mi caso, volviendo al mensaje dejado al ministro, pensé justamente sobre estas cosas, y entendí que con 57 abriles y 140 libras, si el mismo retenía lo de “joven” se iba a perder; pero en mi caso, aunque los surcos de las mejillas y parte de las canas ya están ahí, como señales o huellas preciosas de la historia de una vida vivida mayormente a plenitud, y muy particularmente, con una lucidez mental que es mi mayor tesoro, ella, la llamada vejez, tercera edad o envejecimiento, no tiene cabida en mí.

 

Recuerdo la depresión en la que caen varios entrados en edad cuando un día al despertar y verse en el espejo se dan cuenta de que en realidad, por encima de toda estética, ellos (los años), sin llamarlos, sin invitarlos, han llegado y entrado como Pedro por su casa, y han dicho, hemos llegado…, y lo hemos hecho para quedarnos aunque no te sientas bien, pero a sabiendas de que ese no fue nuestro propósito, sino simplemente decirte que estamos aquí…

 

Para terminar, soy de los que creen, que la juventud se siente y se lleva en el corazón, y para quienes les guste, cantar con Don Alberto Cortez, la vejez…hágalo conmigo y ahora… “La vejez…está a la vuelta de cualquier esquina, allí, donde uno menos se imagina/se nos presenta por primera vez. La vejez…es la más dura de las dictaduras, la grave ceremonia de clausura/de lo que fue la juventud alguna vez…”