Definirlo temprano

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Acerca de la necesidad de un pacto por la reforma fiscal es mucho lo que se ha dicho, pero pocos quienes se han atrevido a dar un paso hacia adelante. Hemos señalado que el gobierno mismo lo ha rehuido y ha preferido mantener su gobernabilidad en los términos de política fiscal predominante, en base a una mayor eficiencia y préstamos.

Y es más que obvio que el tiempo o la coyuntura adecuada para una iniciativa de esa naturaleza en esta Administración ya pasaron. Se señala el período de transición como una oportunidad, pero surgen las objeciones, todas de naturaleza política.

La oportunidad más asertiva para propiciar una negociación como esa durante ese período sólo sería posible si tenemos una continuidad de quienes llevan a cargo el gobierno.

De lo contrario, es decir, que otras fuerzas asuman el poder a partir de agosto próximo, difícilmente esa posibilidad se materialice, porque parece lógico que quienes lleguen al gobierno aspirarán a liderar un proceso de esa naturaleza.

Además, quienes estarían entregando el gobierno tampoco estarían en calidad de jugar un rol protagónico, porque precisamente han eludido cualquier posibilidad de llevarlo a cabo.

Habría entonces que concluir que un pacto fiscal tendría que quedar en manos de las nuevas autoridades con la contribución de los diferentes sectores de la sociedad.

Los ajustes fiscales, por más integrales que sean, nunca resultan agradables, y necesariamente habría que conseguir el mayor consenso, lo que tampoco es tarea fácil.

Todo lo que hemos dicho cae en el campo de la especulación, pero lo que no resiste discusión es el hecho de que el financiamiento del gobierno nacional no debe continuar con un componente tan alto de endeudamiento.

Ya vimos cómo este factor se ha comportado durante los últimos dos períodos, y como vamos será insostenible. Un volumen de préstamos equivalente al 30.8% del Presupuesto, con tendencia a crecer, es un peso muy alto para la economía, al extremo de que una parte del mismo se destina a pagar deudas.

El liderazgo político con vocación de poder debe tener muy presente desde el inicio del nuevo período de gobierno que debe definir ese asunto en la mejor dirección, lo más temprano posible.
Si no lo hace, la gobernanza será difícil.