Consuelo económico

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Encabezado por el Presidente Medina el Gobierno celebró una reunión del Consejo Nacional de la Competitividad, con la asistencia de los directores de medios, en la cual se expuso con satisfacción los indicadores que hablan de la fortaleza de la economía empresarial y su avance en materia de competitividad.
Pese al contexto internacional un tanto pesimista al preverse una ralentización del ritmo de crecimiento de la economía mundial, la economía dominicana apunta a registrar niveles de crecimiento de los más altos de la región, así como buen nivel de inversión extranjera, no obstante los problemas derivados de la sequía y de la campaña negativa contra el turismo dominicano.
Ese optimismo exhibido por el Gobierno Central, intenta romper con la inercia originada por el impacto negativo de la división del partido de gobierno, consecuencia de una lucha interna motivada no solo por las señaladas diferencias personales entre los dos principales líderes de ese partido, sino por la necesidad de ambas facciones de determinar quién controla y dirige la función de formación y consolidación de la nueva clase gobernante y también dominante, cuyo proceso de creación se iniciara desde el 1996, cuando el partido oficial comenzó a instalar su modelo de apropiación privada del Estado y la Economía Pública.
Los daños originados con la división del partido oficial han desmoralizado el clima de optimismo y de satisfacción que irradiaba el partido de gobierno dentro de su gran membresía y relacionados, todos beneficiados con las prebendas y facilidades repartidas y para quienes la ideología del crecimiento económico bastaba para justificar las bondades del modelo.

Los datos arrojados por las primeras encuestas después de la división, hacen ver los estragos que se han producido en la composición del electorado que ahora parece favorecer las opciones de la oposición, arriesgando la continuidad de la dominación política establecida, al tiempo de revelar el alto nivel de frustración de la población sobre la economía y sus perspectivas, y en especial en la juventud dominicana que expresa su deseo de irse del país.

Ese clima de pesadumbre tan diferente y contrario al clima optimista que proyecta la ideología gubernamental del crecimiento empresarial, se hace aún más pesimista, cuando los medios y la población, diariamente comprueban las distorsiones del aparato estatal, en particular de la Justicia y del Ministerio Público, cuya ineficiencia e indiferencia propician la criminalidad, como se ha visto, entre otros, con los dos casos de feminicidios ocurridos recientemente en San Pedro de Macorís.
Ante esa dramática realidad, además generadora del sentimiento de impotencia, ha ido cobrando fuerza la creencia cada vez más generalizada, como lo dicen las encuestas, de que el pueblo solo tiene por delante como opción de salida, el necesario cambio, el cambio de gobierno y de un nuevo partido.

Ese cambio debe fortalecer la institucionalidad del Estado, en especial la Justicia para que restablezca la seguridad ciudadana y con ello la esperanza y una nueva moral pública, al tiempo que propicie el desarrollo económico inclusivo para todos, que signifique más y mejores oportunidades para el pueblo llano y para la juventud que le devuelva la esperanza y deseo de quedarse en su país.

¡La competitividad de la nación está en el cambio!