¿Cómo quiere vivir? la decisión es suya (1 de 2)

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Fausto García

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García) 

Es alarmante la cantidad de seres humanos que en el mundo padecen algún trastorno de personalidad o mental. Nunca como ahora, y parece que el ascenso es progresivo, los profesionales de la conducta están tan ocupados lidiando con individuos de todo género, edad y clase social, afectados de algún tipo de problemas de salud vinculado a la masa encefálica, que es para mí, donde realmente radican o nacen todas las afecciones conductuales. Y esto sin pensar en el mayúsculo porcentaje que por distintas razones no acude en busca de esos servicios. De hecho, se dice que especialidades o profesiones como la psicología, no serán afectadas a nivel de empleos por los efectos de desplazamientos forzoso de obreros y empleados provocados por los avances de la tecnología.

También es alarmante la cantidad de individuos que “andan” y “desandan” por las calles del mundo con tales condiciones.  “Andan” así, los que “aparentan ser normales” y “desandan” los que deambulan y se ve que algo no anda bien en ellos a simple vista. Hace varios años que descubrí, y, por ende, valoro altamente el valor (valga la repetición) de la salud mental, la cual para mi es la mayor de todas, y, por consiguiente, cuido mi cerebro como la niña de mis ojos, evitando mayormente sustancias y contenidos tóxicos de toda naturaleza, que abundan en esta era post moderna y ultra digital. Recuerdo un amigo que hablando sobre este tópico y resaltándole yo el gran número de gentes con dificultades mentales, me dijo muy en serio, “cristiano de Dios, anda el loco al pecho…”.

Lo de ¿Cómo quiere vivir? Y la decisión es suya, es ciertamente así.  Dejando a Dios a donde esta -en el cielo y en la tierra- y de que nos dice San Pablo que “El pone en nosotros tanto el querer como el hacer”, lo cierto es que depende de  usted, de nadie más, la decisión es suya, muy suya, es usted quien elige como desea vivir los días que le quedan en esta bendita tierra que Dios creó y puso en nuestras manos, bajo nuestros pies para gozar y disfrutar de todo cuanto tiene y contiene.

 

Una de mis frases dice que “La vida es como la sartén”, usted decide por donde agarrarla, si por el mango o por la base, y sabe lo que ocurre en cada caso. Usted puede ver la vida como el baso, medio vacío, pero no olvide que también esta entonces medio lleno.  Usted la puede ver como un jardín o como un estercolero, y sabe la diferencia entre uno y otro.  La puede ver o vivir como los reptiles (arrastrándose por el suelo) o como las aves, volando alto, siempre alto, como el buitre que es quien ha alcanzado mayor altura registrada (chocó con un avión que sobrevolaba Costa de Marfil a 11.277 metros).

 

Recuerdo una vez que me tropecé con una canción que canta Julio Iglesias, no sé quién es su autor, y que se llama “Vuela alto”.  Al oírla, recordé a alguien que atravesaba por una grave crisis emocional – ¡Ay las benditas emociones de las gentes! – por lo que decidí grabarla en un CD de forma repetida, creo que llegó a 22 repeticiones.  Procuré que lo oyera y sí lo hizo, además de hablar par de veces con él, y parece que entendió que hay que volar alto, “que no se puede ser gaviota en el mar, o como lo dice el poeta: “Vuela amigo, vuela alto/No seas gaviota en el mar. La gente tira a matar/Cuando volamos muy bajo. La gente tira a matar/Cuando volamos muy bajo”

 

Me da pena la condición de tantas gentes que quieren seguir siendo gaviotas en el mar, que quieren vivir tirada en un rincón como una escoba vieja, o como un trapo de hoya, listo para soportar humo, sucio y grasa; o cuando no, como repitió par de veces el Padre Miguel Marte (sacerdote Eudista) citando algún autor creo, que prefieren o eligen vivir como el perro herido tirado en la cuneta o contén, lamiéndose sus heridas.

 

Y a propósito de sangre y perro, me viene a la mente la anécdota oriental, creo, de un perro que estando encerrado por largo tiempo y sin comer ni beber, pudo salir, pudo escapar, y cuando salió a los caminos, estos solo estaban llenos de huesos secos por lo que fue probando uno y otro, sin resultado alguno, hasta que por fin, en un momento dado, se hirió la boca con uno de ellos y empezó a sangrar, pero no dejaba de chuparlo y roerlo creyendo que era de este de quien manaba, por fin, lo que para él era alimento y vida en aquellas circunstancias, es decir, sangre, cuando en realidad era la propia suya que degutaba para saciar el hambre. ¡cuántas gentes se la pasa igual en la vida! faustogarcia2003@yahoo.com