Aún nos faltan cosas que esperar!

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Aquiles Olivo Morel

Hay quienes pensaban en la idea de que el capitalismo había alcanzado un desarrollo extraordinario y que por alguna razón no se veían peligros al acecho capaz de interrumpir su curso. Los futurólogos, por el contrario, se preocupaban por temas vinculados a su propio desafíos administrativos; uno de ellos, el cual alcanzó mayor nivel de notoriedad lo fue la Inteligencia Artificial  (AI); aunque con menos interés para los capitalistas, otro de ellos lo era el cambio climático a consecuencia de la industrialización; y, por supuesto, sin dejar de lado el equilibrio en el intercambio comercial, a través de la creación de mecanismos lo suficientemente expeditos para garantizar la estabilidad de los mercados y el flujo de las mercancías.

Así se empezó a recorrer la primera década de este siglo XXI, liquidando viejos esquemas ideológicos y realizando apuestas al floreciente triunfo de la producción masiva. Los presagios bélicos no estaban ni por asomo en las estrategias globales de las principales potencias, por el contrario el denominado fin de las ideologías empujó a tender la vista hacia otros temas cruciales; en lo adelante se contemplaba las  guerras en sí mismas eran el  fruto las confrontaciones  étnicas o conflictos entre dos civilizaciones.

Apareció la robótica concomitantemente con la sorprendente utilización de la Inteligencia Artificial en las industrias. Los procesos complejos se simplificaron al tiempo de lograr hacerlos a través de estándares jamás conocidos.

Los trabajares fruto de esta irrupción fueron los primeros en ser afectados dejándolos al paso de los desplazamientos; una nueva mano de obra se demandaba para responder a las exigencias técnicas de nuevos y sofisticados dispositivos. Fue un momento en que ya la misma humanidad vio como en termino globales los tratados de libres comercios no respondían a los formidables avances de la producción.

La reacción no se dejó esperar: Los Estados Unidos emprendió la revisión de los acuerdos comerciales con sus vecinos, México y Canadá; abandonó la idea de la creación de una inmensa zona de comercio en todo el Continente Americano. En un breve tiempo, con la asunción de los Republicanos a la conducción de la nación  americana se emprendió el proyecto de fijar nuevos aranceles a las mercancías exportadas hacia los gigantes asiáticos.

Estos sacudimientos dieron al traste con un repunte de la economía de los Estados Unidos, un crecimiento esperado por el pueblo y la gente que veía como poco a poco se estropeaba cada día su denominado sueño americano.

Los forcejeos duraron largos meses entre los dos contendores de mayor vigor e importancia: China y los Estados Unidos. La rivalidad comercial llego a niveles insospechado; los ataques entre ambos en cada ronda de negociación daban cuenta de los niveles álgidos en que dicha relaciones se encontraban.

Los esfuerzos de los negociadores chinos se encontraban de frente a Donald J, Trump envalentonado dispuesto a frenar los “beneficios” del gigante asiático con la introducción de miles de productos al mercado estadounidense. Fueron días en que se pensó en lo peor, aunque jamás se dudó en la posibilidad de que ambos llegaran al final a un acuerdo equilibrado.

A partir de entonces surgen cada día “Teoría de la Conspiración”  a las que no escapan las relacionadas con virus; ataques informáticos a las principales empresas chinas; golpeo en los acuerdos a los productos de origen chino –Una ejecutiva de Haweii fue detenida en Canadá- y un estricto enfado por la posibilidad de que la humanidad este alumbrando una nueva forma de conflagración a través de las denominadas guerras biológicas.

El surgimiento de virus humanos en las grandes ciudades con un impresionante índice de expansión de contagio se puede apreciar en el nuevo corona virus. En apenas unas cuantas semanas la OMS se vio en la obligación de declarar una pandemia, dejando a  su paso un gran número de muertes e incalculables efectos económicos y sociales.

En apariencia la vida tal como se conocía está sumergida en un caos en algunos países; la capacidad de la ciencia médica se encuentra cuestionada, sobre todo en los modelos de atención sanitaria de ciudades antiquísimas de las viejas Europa, considerándose en algunos casos como incompetentes para atender este cumulo de contagios.

¿Se trata en definitiva de una nueva manera de moldear la especie humana? ¿Estamos ante la presencia de una nueva guerra, ahora con la implantación de virus manipulados a través de  los laboratorios? Acaso ¿La  incapacidad de los modelos de Seguridad Social encontraron una vía para no colapsar ante la posibilidad de en un breve tiempo no disponer de los recursos económicos para atender su creciente demanda?

Estas y otras interrogantes se encuentran en la atmosfera de la raza humana, ahora afectada por una pandemia en que se llena de miedo a gran parte de la gente; no se tiene la certeza de que se pueda alcanzar una cura en un corto plazo dejando a muchas personas averiadas en sus creencias; por el contrario, no seria que estamos alumbrando a nueva etapa sujeta a la incertidumbre de un siglo en que no se dispone de una mecanismo para balancear correctamente el crecimiento población y el daño al medio ambiente.

Las redes sociales están repletas de creencias y de señales de que la aparición de este nuevo virus marca el comienzo de una nueva etapa donde los seres humanos deberán atender de una forma diferente su entorno; las expresiones laborales se ajustaran, surgiendo nueva maneras de empleos para las personas. Aunque se quiera ignorar esta nueva pandemia encontró a la humanidad con un amplio saber científico; también, estropeo el optimismo de que ya el desarrollo alcanzado le permitiría al hombre encontrar respuestas en un plazo breve a este tipo de desafío, algo que no parece ser cierto.

La idea de los futuristas de construir un nuevo mundo parece estar ante nuestras miradas: nadie puede substraerse del vertiginoso aumento de las comunicaciones; miles de datos se encuentran,  como nunca había sucedido en las manos de quienes administran sus redes sociales; tampoco puede descartarse la manipulación de  los mismos y la dependencia de las colectividades atadas a estos dispositivos.

Aun nos faltan cosas que esperar! A la distancia la capacidad de consensuar las cosas de relevantes de la especie humana parecen imposible. Los métodos coercitivos del pasado produciendo el miedo globalizado no son efectivos a partir de los sucesos recientes. La crisis en la fe coincidió con este nuevo escenario global. Los principales credos, denominaciones y formas efectivas de religiosidad perdieron adherencias en los años recientes. Los creyentes no se aferran como en el pasado a sus convicciones. Por el contrario se sumergen en la misma ola de incertidumbre con la que empezó el Siglo XXI, lo cual afecta toda la autoridad heredada del pasado. Los líderes del presente, en consecuencia se enfrentan cara a cara a una verdadera incapacidad para dar respuestas a estos latentes desafíos!