Aquaplaning

0
16

Por: Leonardo Sanchez

El aquaplaning, o hidroplaneo, por los neumáticos de un vehículo en una carretera, aeronave u otro vehículo con ruedas, ocurre cuando una capa de agua se acumula entre las ruedas del vehículo y la superficie de la carretera, lo que lleva a una pérdida de tracción que impide que el vehículo responda a los comandos de control. Si ocurre a todas las ruedas simultáneamente, el vehículo se convierte, en efecto, en un trineo descontrolado. Aquaplaning es un fenómeno diferente de cuando el agua en la superficie de la carretera simplemente actúa como un lubricante. La tracción disminuye en el pavimento mojado incluso cuando no se produce Aquaplaning. -Wikipedia-

Santo Domingo-Es un fenómeno natural, pero de muy alta peligrosidad cuando se presenta en una carretera cuando ocurren lluvias de cierta magnitud, y el pavimento de alguna vía no está en condiciones de drenar el agua caída, creando una película líquida entre el pavimento y los neumáticos.

Las condiciones generales del pavimento y de los neumáticos, tienen una gran responsabilidad en las consecuencias que se pueden derivar, si se presenta el fenómeno hidráulico durante su desplazamiento.

Los vehículos pueden patinar al perder la tracción por el agua acumulada; pudiendo también deslizarse hacia los lados y fuera de la vía. Y las consecuencias se agravan, si el conductor del vehículo afectado por este fenómeno intenta frenar el mismo, provocando vuelcos, y colisiones con otros vehículos que estén haciendo uso de la vía al mismo tiempo.

La velocidad y el tipo de vehículo, influyen en el comportamiento del mismo al encontrarse con agua fluyendo sobre el pavimento o acumulada en charcos de tamaño suficiente para cubrir una porción de la vía con capacidad de afectar todas las “gomas” o las de un lado en particular pudiendo desestabilizar parcial o totalmente al móvil.

Y, siendo un fenómeno tan común como la lluvia misma, los diseñadores y constructores de autopistas, carreteras, avenidas y calles, están obligados a tomar en cuenta su existencia para evitar su ocurrencia y las consecuencias posteriores.

Porque la ingeniería de carreteras ha evolucionado y considerado la posible ocurrencia del aquaplaning, incluyendo la pluviometría histórica de la región o la zona por donde se ha de construir una vía para el desplazamiento de todo tipo de vehículos.

Así, la forma de la calzada debe considerar la ocurrencia de lluvias de diferentes intensidades y, también la manera de drenar el agua. Se incluye una ligera inclinación o gradiente desde el centro y en dirección a los lados de la calzada y la berma, con drenajes acanalados de tamaños suficientes para manejar los volúmenes del líquido caído, según los mismos históricos pluviométricos.

Cierta porosidad en la superficie del pavimento, también se ha de considerar al elegir los materiales constructivos, para que la superficie final no sea tan impermeable que pueda producir deslizamientos de vehículos ante la mínima humedad.

Pero todo lo anterior, ocurre en países y sociedades donde la vida de las personas y los daños materiales, importan a las autoridades que construyen, mantienen y operan las redes viales dentro de las normas internacionales para la protección de las personas y las propiedades.

Porque, en la República Dominicana, esas normas internacionales son solo para ser tomadas en cuenta en discursos y declaraciones grandilocuentes para hacer bulto, mientras se desfalcan los presupuestos de las instituciones.

Porque las autopistas, carreteras, avenidas y calles parecen construirse y mantenerse para tener resultados totalmente contrarios a las normas y al sentido común mismo. Por ello, la acumulación de aguas de lluvias sobre los pavimentos de las vías parecen ser la norma y no la excepción.

La situación es tan bizarra y peligrosa que, hasta en los pasos a desnivel, túneles y elevados, parece un estándar que se encuentren grandes acumulaciones de agua, igual que en puentes dentro y fuera de las zonas urbanas.

Porque parece que se construye, no para eliminar el caos, sino para contribuir a su incremento, con las graves consecuencias que se derivan de tal situación, que parece no interesarle a nadie con capacidad de decisión suficiente para evitarlo, primero, o corregirlo si se presenta, como está ocurriendo de manera cotidiana.

Así, las autopistas, carreteras, avenidas y calles son trampas mortales, que han producido gran número de muertes y cuantiosos daños materiales. Vienen siendo la fuente que alimenta las estadísticas mal recolectadas que han colocado al país dentro de aquellos que tienen las vías más peligrosas y producen mayor cantidad de siniestros en la región y el mundo.

¿Y por qué ocurre esta situación?

Sin duda alguna, no ocurre por falta de conocimientos de nuestros ingenieros ni por causas de las lluvias per se, teniendo más que ver con la misma corrupción de la que tanto se ha venido hablando, afectando a contratistas locales e internacionales que han realizado obras viales en los últimos años.

Hagamos un breve recuento como muestra. Autopista del nordeste, una trampa mortal con graves deficiencias de drenaje en la zona de mayor pluviometría del país; también, con falta de trazado aperaltado en sus curvas horizontales.

Paso a desnivel construido en Piedra Blanca cuyo pavimento ha tenido que ser reconstruido cerca de un año después de haberse puesto en operación.

Carretera de Juan Adrián, vendida como carretera Cibao-Sur, ha tenido que ser reconstruida porque fue afectada por fuertes lluvias que debieron ser consideradas a la hora de diseñar y construir su pavimento y sus drenajes.

Autopista Duarte, Santo Domingo Santiago, concesionada por largos años, en los que no se le hicieron mejoras ni se corrigieron las acumulaciones de agua que presenta en casi todo su trayecto y en los lugares más inesperados.

Igual ocurre con las avenidas de circunvalación norte de Santiago y circunvalación oeste de Santo Domingo, inauguradas sin la mayoría de los accesos a las comunidades que debían comunicar, presentando acumulaciones de agua en lugares tan críticos como curvas y puentes; puentes que, en varios casos, han comenzado a hundirse, creando peligrosos vaivenes.

Una joya de la improvisación y la falta de observación, lo constituye la reconstruida carretera Manolo Tavárez, en el tramo entre Copey y Monte Cristi donde, cada vez que ocurren fuertes lluvias que “obligan” a liberar las aguas de la represa de Tavera, el tramo vial mencionado, es cortado por aguas crecidas que carecen de los drenajes que debieron ser considerados al ser tratada la última vez.

Igual presentan graves errores de diseño y construcción en términos de drenaje el conjunto vial de la Autopista del Coral, Autovía del Este y la carretera de Bávaro-Nisibón- Miches, como para que no quede ninguna de las últimas obras viales importantes sin su cuota de descuidos y situaciones que evidencian manejos sospechosos de corrupción y no de falta de conocimientos ingenieriles.

Y la nueva ley de tránsito y sus apéndices, no apuntan a resolver esas graves situaciones viales, cuando ni siquiera puede organizar el caos vehicular cuando y donde no existen los graves errores y omisiones que padecen la mayoría de las vías nacionales.

Ese no es el cascabel que se le debe colgar al gato. Ni son las indiferentes autoridades del ministerio de Obras Públicas con su fideicomiso vial incluido. Tampoco, el flamante Intrant que, como mona vestida de seda, solo se queda en superficialidades y declaraciones mediáticas.

Tal vez, y solo tal vez, si la OISOE cumpliera con su rol de supervisar, en lugar de robar, pudiera haber supervisado los diseños y la construcción de las horrendas trampas viales que tiene el país como vías de desplazamiento para ocio y trabajo.

Ocio y trabajo que, con demasiada frecuencia, se convierten en tragedias.