“Nadie se meta. Hoy quiero beber, hoy quiero licor…”

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Fausto García

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García)

Para cuando salga publicado en el periódico La Información este artículo, ya habrá pasado la Semana Santa y estaremos en la octava de pascua, es decir, los cristianos del mundo estaremos celebrando la conmemoración actualizada de la resurrección de nuestro señor y salvador Jesucristo, después de haber llegado al final del itinerario cuaresmal, sobre todo, los que decidimos acompañar a Jesús en el camino hacia Jerusalén, consciente de lo que le esperaba, y aun cuando todos le abandonemos como hicieron sus discípulos ayer.

No obstante y para los amigos que me siguen a través de otros medios, y estando en el medio de esta semana mayor, deseo hacer un alto en el camino de la cotidianidad o rutina, la cual dice el padre Ignacio Larrañaga que mata, para elevar las ideas o pensamientos hacia dimensiones que nos hagan sustraer de este mundo humano y material en que vivimos, para procurar salir a la puerta como el padre de la parábola de la misericordia o mas conocida como del hijo prodigo, a tirar la mirada hacia allá, allá a lo lejos a ver si viene el muchacho aquel, el hijo aquel que quiso que le dieran lo suyo en vida para salir al mundo a “darse vida”.

Tal vez el titulo no es el más atinado, sobre todo, para los que me conocen, y saben de mi condición de prácticamente abstemio y de mi vida escondida en el mundo de la paz, la felicidad, sobriedad y con hambre y apetito de conocimiento, nada de lo cual lo da el alcohol ni sustancias narcóticas alguna.

Pero bien, Ala Jaza, nombre artístico de no sé quién, pues ignoro su nombre real, es un artista de música urbana que canta el merengue -si se puede llamar así- “Nadie se meta” cuyo video vi hoy por primera vez (23-3-19) en YouTube, donde tiene casi 27 mil visitas, y de quien supe quien era y cantaba dicha pieza al verlo en la recién pasada versión de los premios Casandra.  Había escuchado el tema par de veces por ahí pero no sabía ni como se llamaba ni quien lo cantaba.  Debo confesar (haciendo abstracción de las letras) que el mismo es pegajoso y su ritmo atrae.  Tengo un amigo que sabe de música y me dijo una vez que para quienes no solo saben, sino que les gusta la música, el simple hecho del sonido armónico de los instrumentos les fascina.

Parte de las letras dicen así: “hoy yo quiero fiesta, quiero amanecer, no quiero control, no quiero problemas. Es mi vida, nadie se meta…” Estando en cuaresma y con todas estas cosas rodando por las mismas nubes de un mismo cielo, a cualquiera se le cruzan los cables, como dice la gente. Algunos cables se cruzan para bien y otros para mal. Algunos están pelados y causan cortocircuitos, otros transmiten demasiado voltaje y electrocutan.

El sábado 23 de marzo del 2019, víspera del III domingo de esta cuaresma, el culto católico trajo como Evangelio, la lectura de S. Lucas, capitulo XV. La conocida parábola del hijo ya mencionado más arriba, que de paso es escogida también para el IV domingo. Al leer tanto el texto de esta como los sermones o reflexiones escritas sobre ella, me dije que parece que el Hijo Prodigo en algún momento de su vida escuchó a Ala Jaza con su Nadie se meta.  Y lo hizo porque hizo suya al parecer aquella invitación “hoy yo quiero fiesta, quiero amanecer, no quiero control, no quiero problemas. Es mi vida, nadie se meta…”

Pienso que de igual manera le pasará a los que decidan hacer lo que dice Ala Jaza, o sea, vivir la amarga experiencia que le tocó vivir al hijo prodigo. En resumen, según la parábola “”El hijo menor juntó todos sus haberes, y unos días después, se fue a un país lejano. Allí malgastó su dinero llevando una vida desordenada. 14.Cuando ya había gastado todo, sobrevino en aquella región una escasez grande y comenzó a pasar necesidad. 15.Fue a buscar trabajo, y se puso al servicio de un habitante del lugar que lo envió a su campo a cuidar cerdos. 16.Hubiera deseado llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero nadie le daba algo.”  (versos del 13 al 16).

Y ojalá que la vivan completa, vale decir, que un día “vuelvan en sí” y como el citado hijo digan: “¡Cuántos asalariados de mi padre tienen pan de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre! Tengo que hacer algo: volveré donde mi padre y le diré: «Padre, he pecado contra Dios y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus asalariados. Se levantó, pues, y se fue donde su padre. Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión; corrió a echarse a su cuello y lo besó. Entonces el hijo le habló: «Padre, he pecado contra Dios y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus servidores: «¡Rápido! Traigan el mejor vestido y pónganselo. Colóquenle un anillo en el dedo y traigan calzado para sus pies. Traigan el ternero gordo y mátenlo; comamos y hagamos fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.» (versos del 17 al 24).

La música muchas veces responde a situaciones vivenciales, y otras son frutos de la mera imaginación, puesta a volar para combinarla con el ruido o sonido de los instrumentos y producir piezas que atraigan, contagien, peguen en el gusto de los escuchas, dejando de lado lo relativo al contenido o mensaje. Pero al margen de todo esto, lo cierto es, creo yo, que quien decida escuchar y hacer suya la invitación del merengue en cuestión, que se prepare para vivir en esta Semana Santa o en la próxima, parte de la experiencia del Hijo Prodigo.

Para los que quieran hacer comparaciones y seguir la meditación en el orden que les plazca, vea y escuche las dos versiones de ambos temas. (https://www.youtube.com/watch?v=elhrFZa9VWg. http://magnificat.tv/es/node/15731/64. (faustogarcia2003@yahoo.com)